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El Escolasticado de Friburgo de los Misioneros del Espíritu Santo: una breve historia

Dra. Mariana Gómez Villanueva
AHMSpS
Este octubre se conmemoran dos aniversarios significativos para la historia de la fundación de Friburgo de los MSpS. Hace setenta años de la primera vez que la Congregación aceptó que un grupo de hermanos fueran juntos a estudiar a la Universidad de esa ciudad. Diez años después de esto, en ese mismo mes, el Consejo General aprobó formalmente la fundación de una casa de estudios que se llamó el Escolasticado de Friburgo. Esta comunidad respondió al profundo deseo de la Congregación de extender su presencia más allá de Italia y consolidarse en el continente europeo con una visión renovada.
En el corazón del distrito de Sarine, Friburgo se alza como una importante ciudad suiza cuya característica principal es su multiculturalidad, pues se hablan tanto el francés como el alemán. Esta fusión lingüística no es casualidad, sino el reflejo de una rica historia que se remonta al siglo XII, cuando la ciudad fue concebida como una fortaleza medieval. Predominantemente católica, Friburgo no solo ha sido un bastión espiritual, también intelectual. Es sede de la Diócesis de Lausana, Ginebra y Friburgo y fue precisamente en este contexto que, a finales del siglo XIX, nació la Universidad. Esta institución católica no tardó en atraer a estudiantes de todas partes del mundo.
Gracias a este escenario intelectual y religioso, a partir de 1951 algunos estudiantes Misioneros del Espíritu Santo comenzaron a pasar allí su temporada de descanso durante los meses de agosto y septiembre. Lo que comenzó como algo ocasional, poco a poco se fue convirtiendo en una tradición, pues cada año, algunos hermanos emprendían el viaje hacia esa localidad, encontrando en ella no solo un espacio de reposo, sino también de encuentro con otros estudiantes católicos.
Durante esos viajes, los MSpS se hospedaron en la residencia de estudiantes “Salessianum”. Esta casa pertenecía a los Salesianos de Don Bosco y se fundó con el objetivo de dar alojamiento a los estudiantes que acudían a la Universidad de Friburgo. Fue inagurada en el año 1906 y, desde entonces, se creó a partir de ésta una comunidad intercultural con sacerdotes y estudiantes que provenían de muchas partes del mundo.

Convict Salesianum House, ca. 1906.
Fotografía propiedad de la Residencia Salesiana de Estudiantes. Disponible en: https://www.salesianum.ch/en/la-maison/Tras varios años en los que los estudiantes realizaron estas visitas anuales, el 16 de octubre de 1955 un grupo de hermanos partió con el propósito de comenzar sus estudios formales en la Facultad de Teología de esa Universidad. Por ello es que algunas fuentes consideran la fecha de inicio de esta fundación en 1955 aunque, para ese momento, esa pequeña comunidad aún pertenecía a la casa de Roma.
Para 1960, los MSpS ya habían logrado establecer cierta presencia en la ciudad. Prueba de ello fue la invitación que recibieron de dos párrocos de Lausana, quienes solicitaron su colaboración en la parroquia Le Sacré Coeur. La comunidad necesitaba sacerdotes que hablaran español y la Congregación respondió generosamente, extendiendo así su misión más allá del ámbito académico. Dos Misioneros viajaban desde Friburgo los fines de semana y se hospedaban en esa parroqouia. Aunque se manejó en ese momento la opción de hacer allí otra fundación, nunca se llevó a cabo debido a que había muy poco personal disponible.
En 1961, la Congregación estableció formalmente la Delegación de Roma, sumándose a las ya existentes en México y Guadalajara. Esta decisión respondía a la necesidad de dar identidad y autonomía a las casas ubicadas fuera del territorio mexicano, conscientes de que cada una debía avanzar a su propio ritmo. Para entonces, ya funcionaban varias comunidades en España e Italia y se vislumbró un futuro en que Friburgo representaría una apuesta estratégica para la Delegación. A partir de ese momento, ésta tuvo que enfrentar desafíos complejos para sostener y hacer crecer esta presencia.
No sería sino hasta octubre de 1965 cuando, en sesión formal, el Consejo General aprobó oficialmente la fundación de la comunidad en Friburgo. Esta decisión llegó tras varios años de experiencia, por lo que se consideró que dicha aprobación no era apresurada, sino el fruto maduro de una experiencia consolidada a lo largo del tiempo. Las razones expuestas por el Consejo para apoyar dicha comunidad eran claras: Friburgo ofrecía un entorno tranquilo, con un ambiente sacerdotal y de estudio; su clima y recursos naturales favorecían el descanso y el equilibrio espiritual de los religiosos; la formación intelectual estaba garantizada por el acceso a los cursos de la Universidad; y, además, los estudiantes tenían la oportunidad de aprender francés y alemán.[1]

Facultad de Filosofía y Teología de la Universidad de Friburgo.
Grupo internacional de sacerdotes entre los que se encuentran los MSpS. 1962.
AHMSpS, Gobierno, Casas, Friburgo, expediente 2.Así pues, la comunidad la conformaban tanto formadores como hermanos estudiantes que, en su mayoría, iban a clases regulares a la Universidad. En diferentes momentos, allí convivieron los padres José González Medina, Jesús Martínez, Javier Iguíniz, Rafael Oviedo, Manuel Castillo, Juan Gutiérrez, Alfonso Navarro, Vicente Gutiérrez, Rafael López, Fernando Gutiérrez, entre muchos más.
Debido a los altos costos de las rentas en Friburgo, la comunidad vivió en diferentes lugares a través de los años. Después de la casa de los Salesianos, en el mes de octubre de 1965, la Congregación decidió rentar un lugar exclusivo para los hermanos, un espacio propio que les permitiera vivir con más autonomía y fortalecer la vida comunitaria. Se consiguió un piso con los padres franciscanos en la calle Petit Rome 54. Tiempo después, para 1968, se movieron a una casa que ocupaban los Padres Marianistas, en la que recibían no solamente hospedaje, sino también alimentos.[2]
A lo largo de su existencia, la comunidad de Friburgo enfrentó numerosos desafíos. Aunque existía una relación cercana entre la Congregación y otros jóvenes estudiantes de la Facultad de Teología, la realidad mostró ciertas limitaciones pues había pocos formadores con la experiencia necesaria, además no todos dominaban el idioma ni comprendían la cultura local. A esto se sumaban las dificultades económicas. El alto costo de vida en la ciudad hacía que el sostenimiento de la comunidad fuera complejo. Aunque dependían administrativamente de la Delegación de Europa, en más de una ocasión el Consejo General, desde México, tuvo que gestionar apoyos financieros para garantizar la continuidad de la fundación.
En 1974 el IX Capítulo General cambió su forma de gobierno a Vicariatos y, con ello, discernió también seriamente sobre los procesos de expansión que tenían en Europa. En este contexto fue que se dio la supresión de esa Delegación (entonces ya conocida como Delegación de Madrid), del Colegio del Espíritu Santo, en Calahorra y, también, de la comunidad de Friburgo.[3] Lo que sucedió fue que la Congregación se dio cuenta que, para el número de MSpS que llegaban a Europa, no había necesidad de mantener dos casas diferentes de estudiantes en esa región, con una bastaba y seguiría siendo, como siempre, la casa de Roma.
A partir de ese momento, los estudiantes que aún residían en Friburgo fueron enviados a la casa de Piazza San Salvatore. Para ese momento, coexistían varias comunidades en la casa de Roma: el Teologado, el Escolasticado y, por último, la Procura General. Así se integró esta comunidad por varios años.
Aunque la fundación no alcanzó el éxito que la Congregación había soñado, su paso por Friburgo marcó un antes y un después en su historia en Europa. Fue una experiencia reveladora que les permitió enfrentarse con los límites de una formación centrada profundamente en “lo mexicano”. Este choque cultural no solo evidenció desafíos, también ofreció oportunidades al carisma congregacional que, gracias al Concilio Vaticano II, se estaba renovando en ese momento. Friburgo representó una vivencia única, cargada de lecciones, que iluminó nuevos caminos en la identidad de la expansión internacional.
[1] AHMSpS, Gobierno, Delegaciones suprimidas, “Informe sobre el Escolasticado de Friburgo”, caja 146, expediente 2.
[2] AHMSpS, Alfredo Vizoso, Casas de los Misioneros del Espíritu Santo, México, Edición privada, 1987, p. 57.
[3] AHMSpS, Cor Unum, caja 13, “Constitución de vicariatos territoriales”, en Cor Unum, septiembre de 1974, pp. 115-118.
Campaña de recaudación de fondos
¡Juntos podemos ser guardianes de nuestra historia!
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Crónica Pre-Fundación

UNA NUEVA COMUNIDAD EN DISCERNIMIENTO DE SU LUGAR DE MISIÓN
El lunes por la mañana Humberto Ruiz hizo los trámites para obtener la tarjeta bancaria de débito para la nueva comunidad. Sergio Osorio regresó por la tarde a la Casa Provincial. Dialogamos en pasillo con el P. Baltasar Góngora, MSpS., Vicario Provincial, que estuvo en Guatemala y nos entregó documentos importantes de registro de la Congregación en el país del Archivo Provincial y archivos digitales de la investigación hecha hace 11 años para fundar fuera de México impulsado por la REM congregacional. Cenamos juntos y descansamos viendo la TV.
El martes de descanso previo al viaje, algunos pendientes faltantes: lavado de ropa, preparar maletas y pesarlas, últimas llamadas a casa para despedirnos, comprar el boleto de regreso para poder ingresar a Guatemala, hacer el check-in, realizar el documento de declaración del SAT, otros. Por la tarde el P. Sergio Osorio y Humberto Ruiz fueron al Hospital de Nutrición para despedirse del P. Homero Merlín, MSpS. y pedirle su bendición de envío. Cenamos compartiendo con el P. Agustín, MSpS. de la Provincia Cristo Sacerdote, vimos una serie en la TV y a intentar descansar y dormir.
Miércoles 10 de Septiembre de 2025, viaje a Guatemala para iniciar el proceso de investigación y fundación de una nueva comunidad en Centroamérica. Salimos de casa, con maletas en mano, hacia la terminal 2 del aeropuerto de la CDMX, vino una camioneta uber por nosotros. Documentamos y esperamos pacientemente la llamada para abordar. Todo bien durante el vuelo, llegamos al aeropuerto de la Aurora, Guatemala Capital, recogimos maletas, pasamos migración y nos recogió el Sr. Enrique Marroquín, bienhechor de nuestra comunidad, fuimos a comer y posteriormente nos llevó a la casa de las Misioneras de la Caridad de María Inmaculada para hospedarnos en la Casa Regional de nuestras hermanas que nos recibieron con mucho cariño, convivimos un buen rato, nos instalamos en las habitaciones y a descansar.
Hemos llegado al país donde posiblemente fundemos una nueva comunidad, seguros de que Dios nos envía para construir pueblo sacerdotal, generar procesos de santidad e impulsar proyectos de solidaridad.

El jueves iniciamos el día celebrando la Eucaristía con la comunidad de la Casa Regional de las MCMI, compartimos la fe y la vida, nos volvimos a vincular al P. Moisés Lira, MSpS., beato. Desayunamos y salimos a conocer la zona 1, un buen recorrido con la hermana Eva Torres. Conocimos las oficinas de la Mitra Arquidiocesana y aprovechamos para revisar los planes de los teléfonos celulares. Sergio Osorio se entrevistó con el P. Antonio Zuleta, Canciller de la Arquidiócesis y rector del Templo de Santa Teresa, zona 1. Por la tarde elaboramos una carta de presentación para entregar a los obispos de las Diócesis que visitemos. Cenamos y compartimos fraternalmente con nuestras hermanas y a descansar.

El viernes celebramos la Eucaristía con las MCMI, desayunamos y salimos, con la H. Eva Torres, MCMI, delegada regional, a caminar por la zona 1. Fuimos al banco a cambiar dólares, a conocer la Basílica de Guadalupe, al Hospital de San Juan y nos recibieron muy amablemente en CONFREGUA, en donde conocimos con mucho detalle los ejes y el trabajo de la Vida Religiosa en Guatemala. La tarde fue de ocupación personal, cenamos con las hermanas y descansar.
El sábado 13 de Septiembre celebramos alegremente la Eucaristía con nuestras hermanas MCMI a las 7:15 am. agradecimos el término del año jubilar de la beatificación del P. Moisés Lira Serafín, MSpS. Durante la homilía compartimos lo que habitaba en nuestro corazón. Confirmamos que nuestro hermano Moisés se ha hecho presente en este inicio de fundación de la nueva comunidad en Guatemala, sus hijas tienen arraigo y son reconocidas en la Iglesia, nos experimentados llamados a ser una presencia bondadosa del Padre en medio de la gente.
Fuimos a Banrural para abrir una cuenta bancaria a nombre de Sergio, ya que está vigente su DPI, pasamos a la telefonía Claro para cambiar el chip de su teléfono. Almorzamos como comunidad amplia MCMI y MSpS. en Pollo Campero, esto para continuar la celebración del P. Moisés Lira; llegaron Christian y Luisa, amigos cercanos de Guastatoya. Regresamos a casa para partir el pastel y compartir la sobremesa. Después de la siesta vimos la película de Francesca Cabrini, italiana, patrona de los migrantes. Cenamos y a descansar.
El domingo celebramos el aniversario de beatificación del P. Moisés Lira Serafín, MSpS., la Eucaristía fue a las 7:15 am. con nuestras hermanas MCMI. Sergio Osorio celebró a las 6:30 am. en el Templo de Santa Teresa. Desayunamos, arreglamos equipaje, parte de él se quedó resguardado en la casa regional. A mediodía nos recogieron Axel Montúfar y Claudia Alveño, de Alianza de Amor, para ir a Chimaltenango y almorzar con su querida familia. Posteriormente nos trasladamos a la casa de retiro de las hermanas carmelitas de Nazareth en Itzapa para hospedarnos, saludamos, recorrimos el lugar y a descansar.
Este día 14 de septiembre se celebra en Guatemala el “día de las antorchas” para preparar el día de la Independencia del país que es el día 15. A las 6 pm. se iza la bandera y empiezan los recorridos de jóvenes y familias corriendo con su antorcha, van siendo “empapados” por la calles, la gente les avienta agua, tocan cornetas, claxon y gritos. Fiesta familiar donde mucha gente festeja en las calles. La Sra. Vicky, de Alianza de Amor nos facilitó un carro para podernos trasladar al Occidente del país. El lunes 15 desayunamos con las hermanas carmelitas a las 7:30 am. y nos trasladamos al centro de San Andrés Itzapa, Chimaltenango. Vimos el desfile de conmemoración de la Independencia de Guatemala: grupos y bandas escolares, colorido, trajes originarios y fiesta familiar de todo el pueblo.

Disfrutamos mucho el desfile y regresamos al convento a descansar y almorzar. Por la tarde nos trasladamos a la plaza central de Chimaltenango para conocer la catedral y participar de la arriada de bandera a las 6 pm. Regresamos a cenar y a compartir fraternalmente con las hermanas formandas y profesas carmelitas de Nazareth. Descanso.
El martes celebramos la Eucaristía en el convento y después desayunamos. Emprendimos el viaje a Quetzaltenango para hospedarnos en la casa de las Religiosas de la Cruz, que nos recibieron con singular alegría, almorzamos y celebramos la Eucaristía con ellas. Cenamos juntos y compartimos fraternalmente con ellas, estaremos varios días hospedados en su casa, eso nos alegra mucho.
P. Sergio Osorio Vigil, M.Sp.S.
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Crónicas de la reunión de las comunidades de Europa

Lenno, Italia, 25 – 29 de agosto de 2025
¿Lenno? Para la mayoría de nosotros era un lugar desconocido. ¿Dónde queda? Para nuestros hermanos de Crema (Arnold Mukoso, Stefano Cankech, Manuel Aranda y Claudio Sabbadini) y de Milán (Lucio Ordaz, Sergio Zenteno y Saúl Ibarra) resultaba un poblado no desconocido. Esa pequeña localidad se encuentra a la orilla del Lago de Como y nos recibió el lunes 25 con sol, panorama verde, agua azulada y turistas. Además, está más o menos a la mitad de los 46 kilómetros de longitud del lago de norte a sur. Quienes se perdieron de esta belleza fue Eduardo Suances, Guillermo Jiménez y David Padrón, porque ellos participaron vía internet. Al extremo sur del lago se encuentra la ciudad de Como, la cual se volvió una parada obligada, antes de llegar al lugar del encuentro, para quienes llegaban de Madrid (Carlos Alonso, Josué Suaste, Fernando Saracho y Alfredo Vázquez, junto con Ana García). De alguna manera tenían que acallar las “leones rugientes interiores”, recrear la vista y entrar en contacto con la cultura italiana de la región.
De Roma llegamos Gerardo Gordillo y Edgar Sánchez, luego de varias horas de manejo. Como estaba previsto, también nos acompañaron hermanos de los gobiernos provinciales Armando Moreno, Armando Tovalín, Baltasar Góngora y José Bastarrachea.
Esta reunión es la cuarta que hemos tenido como zona/región Europa. Por eso queríamos dar un paso para organizarnos en la creación de proyectos comunes. Creíamos que, después del proceso vivido anteriormente, había llegado el momento de dialogar para entender qué sinergias queríamos y podíamos crear como zona de Europa. Por eso la presencia de la facilitadora Ana García V. Ella nos guió con su experiencia en los pasos metodológicos para alcanzar esa meta. A través de las entrevistas de unos con otros, de la escucha, del trabajo en grupos, la valoración de las cualidades de quienes participan y otros elementos, fuimos conociendo y metiendo en práctica el método “Indagación Apreciativa”. Sin duda fue un instrumento que nos facilitó llegar a conclusiones un tanto inesperadas y también motivadoras.
Los tres días de trabajo fueron intensos. Formamos diferentes grupos en los que no faltó la presencia de alguien de cada comunidad y de los representantes de los gobiernos. Mientras la lluvia lo permitió, aprovechamos el espacio al aire libre que ofrecía la “Casa de Espiritualidad Lago de Como en Lenno, Tremezzina” de las Hermanas Adoratrices Lenno. En cambio, el miércoles y el jueves una lluvia persistente nos obligó a buscar lugares de reunión en el mismo edificio. La lluvia no impidió las pláticas personales ni los encuentros espontáneos de recreación que también fueron parte importante del buen funcionamiento de la dinámica general.

Los tres aspectos que sintetizan lo que queremos trabajar hacia el futuro próximo son: el proyecto “Pronto” (en sus dos acepciones en español -rápido- e italiano -listo-) que mira al cuidado de nosotros mismos y de los hermanos para poder formar comunidades donde se dialogue, se motive, se trabaje y se descanse. Se propone “conseguir la unidad, un lenguaje común y cohesión para consolidar nuestra identidad misionera en Europa”. El proyecto de “Líderes organizados” abarca todo lo que es organizativo o estructural que es necesario tener en cuenta y se propone “darnos una estructura organizativa desde nuestro contexto cultural para avanzar en la posible constitución de una delegación europea”. El otro grupo presentó la iniciativa de un “Núcleo Félix” con la idea de que este concepto ayude a desarrollar los ejes transversales (Espiritualidad de la cruz, pastoral juvenil vocacional, pastoral de solidaridad y presbiteral) con una mentalidad y lenguaje cada vez más común. Por lo tanto, se propone “desarrollar el Núcleo Félix que fortalece nuestra identidad, nos dinamiza y nos impulsa a la innovación en proyectos comunes”.


Uno de los acuerdos comunes fue formar un equipo de coordinación para las diferentes iniciativas y organización de la zona. Agradecemos a Lucio Ordaz, Josué Suaste y Stefano Cankech su disponibilidad para este servicio.

Durante estos días volvimos a confirmar lo que en las previas asambleas hemos constatado: un ambiente positivo y fraterno entre todos nosotros. El jueves 28 de agosto por la noche concluimos con gratitud, satisfacción y un buen momento de agradecimiento de unos con otros de manera personal por lo realizado y las conclusiones que nos lanzan hacia el futuro próximo. El siguiente paso será ir poniendo en práctica estos programas e ideas que pueden beneficiar a las comunidades en su conjunto.


En la Eucaristía conclusiva, Gerardo Gordillo sintetizó bien lo trabajado motivándonos a la apertura al Señor que dirige nuestros proyectos. No faltó la foto al final y detrás de nosotros se veía el icono de Rupnik, grande cuanto toda la pared, con la escena del nacimiento de Jesús sobre un pesebre en forma de cruz y con sus brazos extendidos como en apertura a ser cargado y, al mismo tiempo, también en forma de cruz.
Quedamos muy agradecidos con las Hermanas Adoratrices por sus servicios, generosidad y disponibilidad en estos días. Tanto que ya reservamos el lugar para la reunión del próximo año. Por lo pronto, nos espera un tiempo intenso de diálogo, interacción e innovación para echar a andar lo que traemos en la mente y el corazón.
Edgar Sánchez, msps.
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COMPARTIR DE LA COMUNIDAD DE SAN FELIPE DE JESÚS

Después de muchos intervalos, logramos llegar a esta casa los que formaremos la nueva comunidad: Baltazar Góngora, como animador. Luis Manuel Sandoval como Vice animador, Carlos Fco. Vera como ecónomo y encargado de la delegación del Proyecto de investigación de carisma y la Espiritualidad de la Cruz. Carlos Quiñones, como Cronista y secretario, Guadalupe Ventura como encargado de la PV, José Isak como director espiritual de la Adoración Nocturna y Alfredo Laso, MM Sp S. Un último integrante, provisional, es el Diácono Gustavo Hernández, el cual viene desde la Comunidad de Huexotitla entre semana para terminar sus estudios de Teología.
El encuentro entre nosotros ha sido muy fraterno, ya que cada quien en su modo de ser ha puesto todo lo que está de su parte para sentirnos alegres y bien dispuestos en la comunidad. Por ejemplo, Alfredo con esa capacidad de reunir fotografías, no tardó en poner en la biblioteca las fotos de los papas desde León XIII hasta León XIV.
Al acabar de hacer la planeación, nos dimos cuenta que hay que empezar de nuevo en muchas cosas, ya que venimos arrastrando lo que dejó la pandemia.
El cronista propuso que con un talante de sinodalidad, de ahora en adelante la crónica no sea lo que ve el cronista, sino que todos los que quieran de la comunidad, pueden incorporar los sucesos que cada uno tenga, por eso ahora les mandaremos el saludo de cada uno de los integrantes de nuestra hermosa comunidad:
- José Alfredo Laso: Los saludo cordialmente.
- Hola los saluda Carlos Francisco Vera. Estoy en esta comunidad, desde hace un año y cuatro meses, sirviendo en la pastoral del Templo y a cargo de la Delegación del Carisma de la Espiritualidad. Hemos ido consolidando una comunidad fraterna que valora y entiende la misión de este Templo. Cuando vengan por el Centro de la Ciudad, los esperamos con los brazos abiertos.
- Yo, Luis Manuel Sandoval los saludo con el deseo que estén tan contentos como yo ahora, estamos estrenando “Animador” y se ha agregado un miembro más; Lupillo.
- Guadalupe Ventura Ventura, les saludo con mucho gusto desde San Felipe de Jesús, en mis primeros 17 días en esta comunidad
- Saludos soy Baltazar, tengo un mes de haber llegado a esta comunidad, presto mi servicio como animador. Con alegría vamos construyendo una comunidad de diferentes generaciones y riqueza en el servicio pastoral.
- Al entrar al Templo de San Felipe resuenan las palabras de Nuestro Padre “Nada de lo que se refiere al sacerdocio nos debe ser indiferente”.
José Isak

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Cincuenta años de vida consagrada

Crónica de un encuentro celebrado entre gratitud, vocación y memoria
José Marcos Alba Romo, MSpS
En el Altillo, lugar lleno de simbolismo para nosotros, nos reunimos del 13 al 17 de agosto cinco Misioneros del Espíritu Santo para celebrar medio siglo de profesión religiosa. El encuentro, organizado con ilusión y cuidado, fue una ocasión para agradecer y renovar nuestro sí al Señor, y para compartir en fraternidad los caminos recorridos por cada uno y para vislumbrar las sendas que nos quedan por recorrer.

Nos reunimos para celebrar este acontecimiento: Mons. Gustavo García Siller y los padres Fernando Torre, Carlos Quiñones, Luis Carlos Cervantes y Marcos Alba. A nosotros se suma la memoria y la presencia invisible del P. Antonio G. Saravia (Archi), que nos acompaña desde el cielo. Fue una experiencia de convivencia, celebración y reflexión, que tuvo como escenarios el Altillo y los lugares que son para nosotros memoria y tradición de nuestra opción como MSpS.
Fuimos llegando el primer día al Altillo. El P. Luis Carlos cervantes llegó al día siguiente. La alegría de un reencuentro que no requirió más protocolo que abrazos, risas y chacoteo compartido. El primer día fue, sobre todo, de compartir informal. Allí, entre la familiaridad de lo cotidiano, cada gesto decía que la historia común seguía viva: recuerdos, anécdotas, bromas, chistes, se sintieron en el aire. Uno siente, en esos momentos, que la crónica no es solo lo que ocurre, sino cómo se lo vive: conversaciones, risas, confidencias, oración, alimentos, que se fueron tejiendo entre quienes hemos compartido años de fraternidad y servicio, de amistad y búsqueda. Cerramos el día con la Eucaristía, presidida por el P. Marcos Alba.
El segundo día comenzó con la Eucaristía compartida con las Religiosas de la Cruz de Altavista. Presidió el P. Carlos Quiñones. Agradecimos su oración y su interés por nosotros. La acogida de las Hermanas fue cálida, alegre y delicada; un gesto que parece sencillo, pero que encierra una hospitalidad que te llega al alma. Después de la celebración, compartimos el desayuno con ellas, un momento de fraternidad, alegría y gratuidad que valoramos mucho.
Un detalle extra fue el regalo individual que recibimos; cada uno recibió un detalle de reconocimiento, una pequeña señal de que la presencia de todos en este encuentro importaba, que no era solo una reunión de nombres sino una comunión viviente de vocaciones que se fortalecen al reconocerse mutuamente. Al regreso, nos esperaba un momento de oración en la cripta, junto a la tumba de Conchita. Acordarse de Conchita en ese lugar silencioso fue un recordatorio de la presencia constante de ella y de otros santos que acompañan, desde la memoria, el camino de quienes aún caminamos. Agradecimos su cercanía, su ejemplo y su influencia en nuestras vidas, seguros de que siguen entre nosotros para sostenernos.
La llegada del P. Luis Carlos Cervantes, desde Tijuana, fue un poco después de la hora de la comida. Así se completó el grupo de los festejados, abriendo las puertas a un compartir cada uno la propia vida. En la tarde, el encuentro dio un giro hacia lo formal: compartimos historias, logros, luchas y gozos acumulados a lo largo de los años. Fue un ejercicio de memoria viva: la vocación se fue confirmando otra vez, no como un hecho aislado, sino como un proceso que se va afirmando en cada experiencia, en cada servicio, en cada entrega. Se habló de la trayectoria vocacional, de las pruebas superadas y de las alegrías que dan sentido a este camino compartido. Fue un recordatorio claro de que la vocación no es un instante, sino un proceso que se confirma y se renueva en la vida diaria.
El tercer día tuvo su comienzo en la acogida de la comunidad en San Felipe, donde desayunamos con la sencillez que caracteriza a aquellos que viven la hospitalidad como una gracia.
Tuvimos unos momentos de oración junto a la tumba de Félix de Jesús Rougier, Nuestro Padre. “Molde” en el que tenemos que formarnos los Misioneros del Espíritu Santo.
La Eucaristía en la capilla de la Inmaculada trajo un ambiente gozoso, íntimo y conmovedor, un espacio en el que lo trascendente se volvió cercano, donde cada palabra parecía respirar fe y cada gesto, una oración compartida. Fue presidida por el P. Luis Carlos Cervantes.
Tras la celebración, regresamos al Altillo para continuar con la experiencia. La clave de nuestro compartir fue como en un baile en tres tiempos: recordar el pasado con gratitud, vivir el presente con pasión y abrirnos al futuro con confianza. Esa tríada: gratitud, pasión y confianza, quedó como una brújula para el caminar que nos espera. El recuerdo de lo vivido en las jornadas anteriores se hizo presente en cada conversación, en cada silencio compartido, en cada mirada que decía más de lo que podía expresar una palabra.
Por la tarde-noche, un encuentro muy significativo: nos reunimos con los compañeros de grupo que dejaron la Congregación. Cuatro compañeros que profesaron con nosotros y años después continuaron la vida por otros caminos: Carlos Gadsden (hoy diacono permanente), Carlos Eduardo Martínez, Francisco Huergo y Chema Martínez, que vino desde España. Compartimos la alegría con sus familias, disfrutamos de una cena exquisita y brindamos por las decisiones y las sendas distintas que cada uno ha tomado. Fue una cena de recuerdos y nostalgia, de gozo de volvernos a ver, de libertad y de crecimiento: cada quien en su propia vocación, cada familia con su historia, y juntos, atentos a sostener, con la memoria y la gratitud, lo que se ha sembrado juntos.

Nuestro cuarto día estuvo marcado por tres hechos:
- Visita al noviciado de Morelos 31, Tlalpan. Después de desayunar, nuestra jornada comenzó con la emotiva visita al antiguo noviciado en Morelos 31, Tlalpan, lugar donde hace cincuenta y dos años inició el camino de nuestra consagración. Recorrer la casa, los pasillos y demás espacios despertó memorias entrañables. En la capilla hicimos un alto para orar y dar gracias, mientras resonaban en el corazón los ecos de aquellos primeros pasos en la vida religiosa. Terminamos nuestra oración con el Veni Creator Spiritus. No faltaron las anécdotas, las risas compartidas y un dejo de nostalgia que se entrelazó con la gratitud. El momento quedó sellado en fotografías que captaron no solo rostros, sino también la huella de una historia común.
- Visita a la iglesia de la Santa Cruz del Pedregal. Más tarde, nos dirigimos a la iglesia de la Santa Cruz del Pedregal, donde medio siglo atrás tuvo lugar la misa de nuestra primera profesión. Con gratitud y recogimiento hicimos memoria de aquel día fundante, cantamos juntos un canto del P. Marcos Alba (Tuya es mi miseria), que compuso hace cincuenta años y en aquella ocasión fue el canto de entrada. Luego vinieron las fotografías, y la memoria se transformó en gratitud por la fidelidad de Dios a lo largo de estos cincuenta años.
- Encuentro en el Altillo: capilla de Nuestra Señora de la Soledad. El día culminó en el Altillo, en la capilla de Nuestra Señora de la Soledad. Allí se realizó un panel con los cinco festejados, quienes compartieron recuerdos, reflexiones y testimonios de vida. La celebración alcanzó su punto más alto con la Eucaristía, presidida por Mons. Gustavo García Siller, con la presencia de algunos familiares, amigos y hermanos de comunidad en un ambiente de fraternidad y acción de gracias. Después, las felicitaciones dieron paso a una cena fraterna, compartida con la comunidad del Altillo, como un signo de alegría, comunión y esperanza para seguir caminando en fidelidad a la vocación recibida.
El quinto día, 17 de agosto, coincidió con la fecha de nuestra primera profesión, hace cincuenta años. Desayunamos en el comedor de la comunidad del Altillo, los cinco festejados y los cuatro que dejaron la Congregación. Continuamos compartiendo la amistad, el gozo, los recuerdos, lo que cada uno está haciendo en este momento.
Después del desayuno hubo una entrevista a cada uno de los que celebran este aniversario. Testimonio, relato vocacional sobre lo que más valoramos en el caminar de estos años.
Enseguida, un rato antes de la Eucaristía, tuvimos una sesión de fotos. Y luego comenzamos la Misa, en la capilla de Nuestra Señor de la Soledad, del Altillo. Presidió el P. Fernando Torre, ayudado por nosotros en algunas partes, dado lo débil de su voz. En la homilía los cinco compartimos lo que nos significa este momento. Terminada la homilía renovamos nuestros votos religiosos. Fue una Eucaristía gozosa, donde se desbordó la gratitud, el cariño, la ofrenda hecha de nuevo a Dios de nuestra vida. No podíamos olvidar a uno de nuestra generación, que ya perseveró: el P. Antonio G. Saravia (Archi): a través de una foto, sonriente, lleno de vitalidad, nos acompañó en este momento, recordándonos la meta a la que anhelamos llegar.

Terminada la Eucaristía pasamos al antiguo comedor del Altillo, donde compartimos una variada comida “de traje”, acompañados de amigos, familiares y un buen número de religiosas.
Tras la comida nos fuimos despidiendo, agradecidos a Dios por dejarnos llegar a este día y por acompañar nuestro caminar con su presencia llena de cariño, paciencia y misericordia.
Estos días de compartir y celebración no se agotan aquí. Nos dejan una huella que trasciende el tiempo: la certeza de que la vida consagrada es una tarea compartida, un camino de vocación que se fortalece en la convivencia, en la memoria de quienes ya no están y en la certeza de que la presencia de Dios se manifiesta en cada gesto de amor, en cada abrazo, en cada oración compartida. Al concluir, la sensación fue la de haber celebrado no solo medio siglo de profesión religiosa, sino también la capacidad de la fe para sostener y renovar la vida. El encuentro terminaba, pero la fraternidad quedaba.
Salimos del Altillo con una sensación de plenitud discreta: lo vivido nos sostiene, lo agradecido nos da alegría, y lo que esperamos, con confianza, se abre como un horizonte lleno de oportunidades para seguir sirviendo, aprendiendo y amando. En ese movimiento, la crónica no es solo un recuento de hechos, sino una declaración de fe: la vocación, celebrada y recordada, continúa siendo nuestra guía para construir un mundo más humano y más cercano a lo que soñamos en común.









