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  • Pascua del Padre Héctor Carriedo, MSpS

    Pascua del Padre Héctor Carriedo, MSpS

    Los Misioneros del Espíritu Santo, con dolor y esperanza, les compartimos que este 5 de febrero del 2026, a los 78 años de edad, regresó a la Casa del Padre nuestro querido hermano P. Héctor Carriedo Valencia MSpS. Él se encontraba en la Comunidad de Monterrey.

    Agradecemos su vida fecunda para el Reino de Dios a través de la Espiritualidad de la Cruz, la Congregación y la Iglesia.

    Descansa en Paz
    ¡Gracias por tanto Héctor!


  • TERCERA Asamblea DE LA PROVINCIA DE MÉXICO

    TERCERA Asamblea DE LA PROVINCIA DE MÉXICO

    «Nacer de Nuevo»

    A la luz del lema «nacer de nuevo», tomado del Horizonte Inspirador 2025–2028 de la CLAR, se llevó a cabo la Tercera Asamblea Provincial de la Provincia de México de los Misioneros del Espíritu Santo, marcada por signos de renovación, discernimiento y esperanza en medio de nuestras noches.

    La Asamblea inició el lunes 26 de enero. La primera cita tuvo lugar en Patriotismo 34, colonia Escandón, Ciudad de México, donde se realizó la presentación y pre-inauguración del proyecto de coliving «Habitante», desarrollado en las instalaciones que durante años albergaron el Museo de nuestro Padre. El coliving es una modalidad de vivienda compartida que combina espacios privados con áreas comunes, favoreciendo la convivencia, la colaboración y el sentido de comunidad, sin perder la intimidad personal. Dicho de manera sencilla: Vives en tu habitación con baño, y compartes los demás espacios de la vida cotidiana con otras personas.

    La presentación estuvo a cargo del P. José Bastarrachea, MSpS, Ecónomo Provincial, y la bendición fue presidida por el P. Pablo Héctor González, MSpS, Superior Provincial. Posteriormente, los misioneros presentes recorrimos y bendijimos las instalaciones, que constan de 34 habitaciones individuales, cada una con baño, cama, escritorio y luz natural; algunas cuentan con balcón o terraza, además de diversas amenidades en las áreas comunes. Tras la comida ofrecida en las mismas instalaciones, nos trasladamos a la Casa Villa María, en Tepoztlán, Morelos, donde por la tarde comenzó formalmente la Asamblea.

    Al iniciar, se presentó el objetivo de la Asamblea:

    “Revisar el talante de nuestra vida consagrada y misión para que, a la luz del horizonte inspirador de la CLAR, acojamos la invitación del Espíritu a ‘nacer de nuevo’, respondiendo mejor a las exigencias del mundo hoy desde nuestra plenitud de vocación y misión”.

    Luego el P. Leonardo Pizano, M.Sp.S., secretario provincial, pasó lista a los 27 MMSpS convocados: Los once animadores de las comunidades (o plataformas) de la Provincia; cuatro coordinadores de los equipos y los proyectos provinciales; el Superior General; los miembros del Consejo Provincial; tres representantes del equipo de Formación Básica; dos hermanos invitados en Formación Básica; y representantes de los Consejos de las Provincias Cristo Sacerdote y Félix de Jesús.

    La tarde del lunes estuvo dedicada a acuerdos prácticos y a un espacio profundo de escucha, para que cada uno pudiera expresar cómo ha estado y con qué disposición llegaba a esta Asamblea. Por la noche, vivimos un intenso momento de oración simbólica, iluminado por el Evangelio de san Juan, en el encuentro de Jesús con Nicodemo: “Es necesario nacer de nuevo”, lema que acompañó todo el proceso asambleario. A través del silencio, el caminar descalzos, la expresión de clamores, la replantación de signos de vida nueva, la escritura de cartas a las comunidades, la fogata, el gesto bautismal y la recepción de una vela, el Espíritu fue marcando el ritmo interior del encuentro. Poco después de las diez de la noche concluyó esta oración y nos retiramos a descansar.

    El martes 27 de enero iniciamos con la oración matutina y, después del desayuno, comenzamos el trabajo con la presentación de Marco Álvarez de Toledo sobre el proceso de institucionalización del Proyecto Cruces y de la Fundación Rougier. Posteriormente, iniciamos el bloque de Vida Consagrada, que ocupó el resto del día. En él revisamos nuestras realidades, reconociendo lo ya ganado, aquello que aún se percibe frágil y las luces o invitaciones que el Espíritu va suscitando. La jornada concluyó con la Eucaristía, presidida por el P. Sergio Osorio, acompañado de los PP. Alfonso Rovira y Eugenio Ramírez, quien compartió con entusiasmo su vivencia del proceso de discernimiento para una nueva fundación en Centroamérica, particularmente lo vivido en Guatemala. El P. Sergio expresó con emoción que “en Guatemala están presentes todos los MMSpS de la Provincia”.

    El miércoles 28, el P. Rogelio Cárdenas presentó los avances en el proceso de actualización y profesionalización de la Casa Concepción Cabrera. Posteriormente continuamos el trabajo del bloque de Vida Consagrada hasta llegar a un consenso sobre las principales mociones que reconocemos del Espíritu para la Provincia en relación con: experiencia de Dios, vida comunitaria y fraternidad, discernimiento, liderazgo y trabajo en equipo, cuidado integral de la salud y economía.

    Durante la comida se integró un grupo de seis laicos: Jesús Padrón, Gloria Hernández, Guadalupe Guillén, Lizbeth Guillén, Mainor Quiroz y Patricia Martínez, quienes se sumaron al bloque de Misión, iniciado por la tarde. El primer trabajo se realizó en cuatro equipos, cada uno de los cuales oró, reflexionó y ofreció invitaciones en relación con distintos ámbitos de la misión provincial: un equipo trabajó el proceso de institucionalización del Proyecto Cruces en la CDMX y de la Casa Concepción Cabrera; otro, el ámbito de nuestras parroquias en México; un tercero, las comunidades fuera de México; y un cuarto, otros templos y comunidades, como la de inserción en Oaxaca. Este ejercicio permitió una lectura más integral y corresponsable de la misión.

    Durante la tarde se presentaron los avances de los tres proyectos provinciales:

    Proyecto EjES, coordinado por Nacho Zapata y Lupita Guillén.

    Proyecto Gente Sol, coordinado por el P. Oziel León.

    Proyecto Apostolado de la Cruz, presentado por Lizbeth Guillén.

    Posteriormente recibimos la presentación del caminar de los tres equipos provinciales: el equipo de Promoción Vocacional, presentado por el P. Nacho Herrera; el equipo de Misión Compartida con Laicos, presentado por el matrimonio Mainor y Paty; y el equipo de Cuidado de Menores y Personas Vulnerables, presentado por Gloria Hernández. Más tarde trabajamos en seis equipos para ofrecer devoluciones sobre lo que se valora y aquello que se propone mejorar en cada uno.

    La intensa jornada concluyó con la Eucaristía, presidida por los PP. Nacho Zapata, Emanuel Olvera y Juan Carlos Mendoza. El P. Nacho compartió con emoción lo significativo que era celebrar junto a quienes habían sido sus formadores durante la formación básica. La Palabra de Dios nos animó a seguir creyendo en este proceso. Al finalizar, compartimos un brindis, la cena y un espacio fraterno de convivencia con los laicos.

    El viernes 30 de enero, a las 7:30 de la mañana, celebramos la Eucaristía presidida por el P. José Bastarrachea, junto con los demás integrantes del Consejo Provincial. Fue una celebración de agradecimiento por las luces recibidas, de ofrecimiento del trabajo realizado y de envío a continuar, cada uno desde su lugar, colaborando con esfuerzo, ilusión y comunión fraterna en este nacer de nuevo provincial. Tras la foto tradicional y el desayuno, despedimos a los laicos.

    A las 9:30 de la mañana iniciamos la tercera y última sesión de la Asamblea. EL P. Luis Felipe Reyes presentó el proceso de institucionalización de Horizontes Creativos. Posteriormente, el P. José Luis Loyola, Superior General, compartió el proceso de internacionalización: La Delegación Brasil y de la región Europa. Más adelante, el P. Sergio Osorio presentó el discernimiento y las acciones realizadas desde agosto de 2025, junto con el P. David García y el diácono Humberto Ruiz, para la nueva fundación en Centroamérica. Este momento suscitó nutridas aportaciones, cuestionamientos e intensas reacciones, que dejaron ver la pasión con la que se vivió la Asamblea, incluso en su tramo final. Finalmente, el P. José Bastarrachea presentó la situación económica de la Provincia y los cinco proyectos económicos, seguidos de los aportes del P. Armando Moreno sobre el caminar de la Provincia Félix de Jesús, y del P. José Ugalde sobre la Provincia Cristo Sacerdote. Tras algunos avisos finales y la comida, regresamos a casa con gratitud, esperanza e ilusión, confirmados en la convicción de que el Espíritu sigue conduciendo a la Provincia por caminos de vida nueva.

    Cronista:

    P. Rogelio Cárdenas, M.Sp.S.


  • La Revolución mexicana, el padre Félix Rougier y los Misioneros del Espíritu Santo

    La Revolución mexicana, el padre Félix Rougier y los Misioneros del Espíritu Santo

    Dra. Mariana Gómez Villanueva

    AHMSpS

    Hace 110 años, los Misioneros del Espíritu Santo eran una pequeña congregación que apenas tenía poco de vida. En ese momento, la obra era frágil, pues su formador y fundador aún pertenecía a la Sociedad de María y contaba solamente con un permiso temporal para trabajar en favor de la quinta Obra de la Cruz.

    En estas condiciones, en enero de 1916 la Congregación se enfrentó a un futuro incierto. Estaba por cumplirse el plazo de dos años del permiso que el Superior de los Maristas había concedido al padre Félix para permanecer en México, un permiso que no había sido fácil de obtener. Consciente de la fragilidad de esa autorización y del tiempo que se agotaba, el padre Félix decidió anticiparse a los acontecimientos. Antes de que venciera la fecha límite, recurrió a monseñor Ramón Ibarra y González, entonces arzobispo de Puebla y protector de las Obras de la Cruz, para pedirle que intercediera ante el R.P. Juan Raffin, S.M., entonces Superior General. Su intención era exponerle el complejo y adverso clima político que atravesaba el país y explicar cómo aquellas circunstancias hacían necesaria la prórroga de su permanencia en México.

    Imaginando lo mismo que Félix, Ibarra escribió al padre Raffin el 14 de enero de 1916. Dicho documento es el que presentamos como efeméride en este artículo. El original es parte del acervo que se resguarda en el Archivo General de los Hermanos Maristas, en la ciudad de Roma. Esta importante fuente fue encontrada y revisada personalmente por el R.P. Carlos Vera Soto, MSpS, a quien agradecemos profundamente su generosidad por compartirla al Archivo Histórico.

    A todo esto, ¿cuál era ese panorama político que Ibarra refirió en su misiva? Desde la segunda mitad del siglo XIX, la Iglesia católica atravesó una etapa marcada por políticas anticlericales que la enfrentaron constantemente con el Estado mexicano. Estos choques definieron buena parte de la vida política del país, hasta que, bajo el régimen de Porfirio Díaz, se impuso una estrategia de conciliación. Consciente del peso que la religión tenía en una sociedad aún sacudida por las convulsiones del siglo XIX, el gobierno porfirista optó por una convivencia pragmática con la Iglesia. Sin embargo, ese frágil equilibrio se rompió con el fin de la dictadura en 1911, momento en que México volvió a sumergirse en la violencia de una nueva guerra civil, conocida por la historiografía como la Revolución mexicana.

    Debido al apoyo que algunos sectores de la Iglesia católica habían dado al gobierno de Victoriano Huerta, además de percepciones y creencias personales de los líderes de las facciones revolucionarias, en México se avivaron ciertos periodos de persecución en contra de la Iglesia, sobre todo a partir de julio de 1914. 

    El “fanatismo de las masas”, como se le denominó en ese momento al problema de la Iglesia, fue un aliciente para que se diera lo que Jean Meyer llamó la “guerrilla anticlerical”. Fue un periodo marcado por crisis recurrentes, en las que determinados sectores católicos eran hostigados de manera sistemática, como recordatorio de que la autoridad última recaía en el gobierno mexicano. A ello se sumaban el caos y el desgobierno que imperaban entonces en la Ciudad de México, un clima de inestabilidad en el que la Congregación atravesó tiempos particularmente turbulentos.

    Desde sus primeros días, los Misioneros del Espíritu Santo se vieron sometidos a constantes hostigamientos. Tras la fundación en diciembre de 1914, el padre Félix y el primer novicio se instalaron en una modesta hospedería cercana a la Basílica. Fue allí donde, una mañana de enero de 1915, un agente del gobierno se presentó sin previo aviso para interrogar al padre Félix, interesado tanto en las razones de su permanencia en México como en los fines de la naciente Congregación. La visita dejó una inquietud profunda en él, así como el temor de posibles represalias. Ante ese clima de incertidumbre, el Padre buscó refugio con la familia Álvarez Icaza, quienes les ofrecieron una pequeña casa en la calle de Guatemala, en pleno Centro Histórico de la ciudad.

    Algunos días después y ante el enfrentamiento constante de las tropas villistas, zapatistas y carrancistas, los novicios y Félix se volvieron a cambiar de casa, ahora a Tacuba. Allí se encontraban cuando el Ministro de Francia le hizo saber a todos los sacerdotes de origen francés en territorio mexicano que el gobierno les concedía hasta el 22 de febrero para abandonar el país. El padre Félix solicitó ayuda a Mons. Ibarra, quien le pidió que se escondiera en un Colegio de la calle de Atenas núm. 46. Allí se refugió algunos días hasta que Monseñor logró conseguirle un certificado de matrícula que hizo pasar al Padre como profesor de lenguas en el Colegio Franco-Inglés.

    Ante tales circunstancias, la formación de los primeros novicios Misioneros comenzó a funcionar con regularidad hasta mediados de 1915. Por ello, a principios de 1916, el Padre apenas había logrado establecer un reglamento y cierta regularidad en la vida espiritual de los novicios. Es en este contexto tan difícil que, cumpliéndose los dos años que su Superior le había dado, Félix confió una vez más en Mons. Ibarra la importante tarea de pedirle más tiempo a Raffin. Él le escribió:

    }Traducción al español

    Muy Reverendo Padre:

    En el próximo mes de julio se cumplen dos años de la llegada del R. P. Félix Rougier a esta República para hacerse cargo de la fundación de los Misioneros del Espíritu Santo.
    A causa de las circunstancias políticas, esta Obra no pudo comenzar sino hasta el pasado mes de diciembre.

    Sin la revolución, mucho se habría podido hacer, pues los Obispos se han visto obligados a alejarse de sus diócesis, el clero se ha dispersado y los seminarios están cerrados. A pesar de ello, contamos con cuatro novicios dotados de un muy buen espíritu, y el Padre Félix se ha dedicado a redactar los Reglamentos y Directorios con una gran solicitud, de lo cual me encuentro muy satisfecho y agradecido.

    Pero debido a estas mismas circunstancias políticas, que no nos han permitido trabajar conforme a nuestros deseos, es necesario que V. P. se digne prorrogar, al menos por dos años más, el permiso para que el Padre Félix continúe la dirección de esta Obra; en este intervalo, creo con fundamento que tendremos muchas vocaciones, pues esperamos que poco a poco el orden político se restablezca.

    Solicito esta gracia en nombre del Ilustrísimo Arzobispo de México y del de Michoacán, quienes, aunque ausentes de la República, comprenden esta necesidad y desean remediarla.

    El R. P. Provincial y los Padres del Colegio Francés-Inglés consideran necesaria la prórroga del permiso en favor del R. Padre Félix y no dudan en obtenerla.

    Yo cubriré los honorarios que el Ilustrísimo Arzobispo de México y el R. Padre Provincial determinen, en lugar de las ayudas que debían concederse.

    Espero de la bondad de V. R. que quiera concederme esta gracia, la cual, como me ha dicho el Sumo Pontífice Pío X, sería una gran obra de caridad que V. R. haría a la Santa Sede.

    Quedo de V. R., con profunda veneración, su devoto servidor.
    México, 14 de enero de 1916.

    † Ramón, Arzobispo Angelopolitano

    M. R. P. G. J. Raffin
    Lyon.

    Movido por las insistentes súplicas del arzobispo de Puebla, a las que se sumaron también las de la familia Gréville, el padre Raffin terminó por conceder a Félix una prórroga de dos años más. Con el permiso renovado en sus manos, el Padre no tardó en ponerse en camino y recorrió la República mexicana con la mirada puesta en nuevas vocaciones. Tenía un ánimo encendido por la esperanza de que aquella pequeña Congregación se fuera afianzando con más y más hijos de la Cruz. Lo que finalmente sucedió.


  • Pascua del Padre Fernando Torre Medina Mora MSpS

    Pascua del Padre Fernando Torre Medina Mora MSpS

    Los Misioneros del Espíritu Santo, con dolor y esperanza, les compartimos que el 21 de enero del 2026, en Guadalajara, Jal., regresó a la Casa del Padre, a la edad de 70 años, nuestro querido hermano P. Fernando Torre Medina Mora MSpS

    Agradecemos su vida fecunda para el Reino de Dios a través de la Espiritualidad de la Cruz, la Congregación y la Iglesia.

    Descansa en Paz
    ¡Gracias por tanto Fernando!

    A modo de homenaje, compartimos la carta escrita por el padre Fernando Torre Medina Mora, M.Sp.S. el 10 de enero del 2005 durante los ejercicios espirituales en Guadalajara, Jalisco; renovada el 11 de marzo de 2017 y actualizada el 20 de diciembre del 2025.

    *CARTA A DIOS AL MOMENTO DE MI MUERTE

    Mi Dios-Trinidad, estoy a punto de dejar este mundo, maravilloso y desafiante, y de entrar en tu Casa, en tu eternidad. GRACIAS, GRACIAS. No puedo sino agradecerte el don de la existencia, el don de haberme permitido vivir, cada día, la fascinante y riesgosa aventura de ser hombre. He llegado al final. ¡Recíbeme!

    Quiero escuchar de tus labios y tu corazón la palabra que tanto he deseado, la palabra para la que he ido preparando mis oídos espirituales: «entra en el gozo de tu Señor».
    Te doy gracias, mi Dios, por mi vida tal y como fue. En cada paso descubro tu amor, tu presencia, tu gracia. Gracias por haberme permitido perseverar hasta la muerte en mi hermosa y sabrosa vocación de Misionero del Espíritu Santo – sacerdote.

    Gracias por tu perdón, creo firmemente que has perdonado todos mis pecados, que jamás te asombró mi debilidad y pequeñez; al contrario sé que mi miseria ejercía una irresistible atracción sobre tu misericordia. ¡Qué bueno fuiste conmigo! ¡Cuánto amor, cuánta paciencia, cuánta ternura!

    Gracias, Padre bueno, por haberme dicho, una y otra vez, esa palabra que inundaba mi ser de alegría y esperanza: «tú eres mi hijo amado en ti me complazco». Yo a mi vez te digo: «Tú eres mi Abbá, mi querido papá, en ti me complazco».

    Gracias, Jesús, mi amado Jesús, mi amigo y mi hermano, mi esposo y mi hijo, mi Dios y mi yo. ¡Qué bien nos la pasamos! ¡Cuánto nos quisimos! ¡Cuánto gozamos nuestro amor! Seguirte fue mi vida. Mi consigna: dejar que Tú vivieras en mí. Fuiste mi pasión, mi ilusión, mi tesoro, mi alegría.

    Espíritu Santo, alma de mi alma, mi Dios poderoso y tierno, mi guía y mi amor; gracias porque en cada momento de mi vida me acompañaste, me iluminaste, me fortaleciste, me consolaste. Gracias porque me tomaste como instrumento tuyo para engendrar a Jesús en tantos corazones. Gracias porque me fuiste transformando en Jesucristo y me impulsaste a complacer al Padre en todo.

    Gracias, mi Dios-Trinidad, porque la certeza de que me esperas con los brazos abiertos me llena de paz y consuelo en estos momentos decisivos de mi vida. Gracias porque la certeza de que tengo reservado un lugar en tu Casa acrecienta mi esperanza y mi deseo de estar contigo. Toda mi vida te he buscado y te he ido encontrando, aunque de manera parcial y fugaz. Ahora, tras mi muerte, será nuestro encuentro definitivo, y podré tenerte totalmente y para siempre. ¡Cuánto vamos a gozar.

    Te agradezco, mi Dios, que me hayas dado a María; te agradezco por mis papás y mi familia, por mis amigos y mi Congregación, por… tu Fernando.


  • Teresa de María, RCSCJ: las huellas de su vida en el Archivo Histórico de los Misioneros del Espíritu Santo

    Teresa de María, RCSCJ: las huellas de su vida en el Archivo Histórico de los Misioneros del Espíritu Santo

    Dra. Mariana Gómez Villanueva
    AHMSpS

    Durante la década de los cincuenta del siglo pasado, el R.P. Alfredo Vizoso, encargado de la causa de canonización de Concepción, realizó muchos esfuerzos por recopilar un gran número de sus documentos. Todos éstos dieron lugar a lo que hoy se conoce como el fondo Concepción Cabrera, resguardado por el AHMSpS.

    En dicho fondo, una de las series más abundantes es la que reúne los documentos personales y familiares de Cabrera. Allí se conservan varios expedientes que narran, a través de cartas y registros, distintos momentos de la vida de sus nueve hijos.

    Uno de estos expedientes fue el de la primera hija mujer del matrimonio Armida Cabrera: Concepción. Falleció el 29 de diciembre de 1925 y, por tanto, al cumplirse cien años de este acontecimiento, quisimos recordar algunos fragmentos de su vida en este pequeño artículo, a partir de los documentos que de ella existen.

    Aunque no se cuenta con su fe de bautismo original, en el Archivo encontramos una copia certificada de dicho documento, en el cual consta el nombre completo que sus padres le dieron a esa pequeña. María de la Concepción Micaela del Sagrado Corazón de Jesús Armida Cabrera nació en San Luis Potosí, el 29 de septiembre de 1890.[1] Fue la cuarta hija del matrimonio de Concepción y Francisco.  

    Concepción a los cinco años, con sus hermanos y padre. En orden de aparición: Manuel (hermano), Francisco (padre), Guadalupe (hermana pequeña) y Francisco (hermano mayor). 15 de enero de 1895. AHMSpS, Fototeca, Concepción Cabrera, caja 1.

    Concepción Cabrera solía pensar que su hija no solo llevaba el mismo nombre, también se veía reflejada en ella de muchas formas. La describía como sencilla y de carácter claro, “defectos que de mi heredó”, escribía.[2] Pero no era solo el carácter lo que las unía. En la joven también había una inclinación profunda a la vida espiritual, una vocación que parecía haber heredado.

    Teresa de María alrededor de los trece o catorce años, con sus hermanos y madre. Ca. 1903-1904. AHMSpS, Fototeca, Concepción Cabrera, caja 1.

    Desde joven comenzó a escribir para Dios. Sus composiciones, muchas de ellas sin fecha, son relatos íntimos y llenos de fervor, que más tarde serían entregados a su madre tras su muerte. Tal vez fue ese vínculo espiritual entre ambas lo que la llevó, tras un largo y profundo discernimiento, a tomar la decisión de ingresar a sus 18 años con las Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús.

    Recibió el hábito, por primera vez, el 8 de octubre de 1908 e hizo sus primeros votos temporales el 23 de octubre de 1910, en el entonces Noviciado de Tlalpan. Eligió por nombre de religión Teresa de María Inmaculada, pues era muy devota de Santa Teresita del Niño Jesús. A partir de que se le dio ese nombre dejó para siempre su “nombre de mundo”, que era como se le conocía al de pila. Como Religiosa de la Cruz llevó una vida de servicio en diferentes casas, como la de Puebla, Monterrey y Coyoacán. Su última comunidad fue la del Mirto, lugar en el cual falleció.

    Su vida religiosa tuvo sus luces y sombras. Aún faltan investigaciones que nos permitan conocerla a partir de esa etapa de su existencia. Sin embargo, las cartas y documentos que se conservan de ella y su madre revelan el retrato de una mujer cuya breve vida fue, a la vez, virtuosa y compleja.

    La entonces Superiora General de las RCSCJ, la madre Javiera Perochena, no logró establecer una relación cercana con Teresa de María. Era una mujer de carácter firme y solemne, mientras que Teresa era alegre y dócil. Tal vez una de las razones que tensaron su vínculo fue el peso del apellido de Teresa, pues ser hija de la fundadora no debió de ser fácil ni para una ni para la otra. Esa circunstancia volvió más delicada su convivencia y, con el tiempo, también su relación.

    Así pues, cuando Teresa enfermaba, Concepción Cabrera sufría profundamente al no poder atenderla ni acompañarla con médicos o cuidados, pues esos asuntos recaían exclusivamente en la autoridad de la Superiora.

    Teresa de María, cuando era postulante
    con las Religiosas de la Cruz.
    AHMSpS, Fototeca, Concepción Cabrera, caja 1.

    La salud de Teresa de María se fue deteriorando poco a poco. Comenzó cuando fue elegida para ir a la fundación de la casa de Monterrey. Aunque al principio, Teresa estaba feliz de ir a esa ciudad, según la “Cuenta de Conciencia” de Concepción, el ambiente y el clima fue minando su salud, su espíritu y su ánimo.

    Aunque no se conoce con exactitud cuándo contrajo meningitis,[3] esta enfermedad la hizo tener grandes padecimientos que, por diversas razones, no se trataron a tiempo y la llevaron a la muerte. Unos dos meses antes de fallecer y debido a su mal estado de salud, fue enviada de vuelta de Monterrey a la Ciudad de México. Estuvo unos días en Coyoacán, donde pareció mejorar levemente, pero después fue llevada a la casa del Mirto. Allí, una vez que se vio que ya no recuperaría la salud, se le dio un permiso especial a Concepción para que la cuidara en sus últimos momentos.

    Su madre estuvo a su lado, sosteniéndola hasta el final. Quedó con el corazón hecho pedazos tras su partida. El relato que Concepción Cabrera escribió sobre la muerte de su hija revela su amor maternal y la intensidad de su dolor. A través de esas líneas, se deja ver una faceta que a menudo olvidamos de ella, la de una mujer muy humana, capaz de sentir, sufrir y amar con una gran ternura:

    Ayer 19 a la 1.45 de la tarde murió Teresa…!!  ¡Dios mío de mi corazón, bendito mil veces seas!

    Después de 29 días de enfermedad y dolores agudísimos en todo el cuerpo, murió la hija de mi vida.

    Muchas veces fui a entregársela a Jesús y a María; muchas le ayudé a bien morir; 9 días no me desvestí y en continua angustia repercutiendo en mi alma sus dolores, sus quejas, su agonía, su estertor, sus terribles sufrimientos. (…)

    ¡Oh hijita de mi vida, pedazo de mi alma!, ruega por mí, por las Obras, por tus hermanos, por tantas cosas que vislumbraste y que ahora sabrás…

    Fuiste modelo de hijas en la tierra, no te olvides, no, de tu pobre madre en el cielo.

    Yo perdono lo tuyo, que lo mío ni merece perdón ha sido la ingratitud un inmenso bien para mi pobre alma.

    Un velo a todo… pero los años que duró Teresa en el Oasis fueron de martirio para mi corazón de madre. (…)

    Pidió Teresa a la Madre General su permiso para morirse, y a mí me dijo la Madre que le fuera a decir que se lo daba. ¡Qué Miseria! ¡Su madre! Así lo hice rompiéndose mi pecho.

    Luego que murió, después de la estación de difuntos, recé el Te Deum.

    Con toda la generosidad que he podido, ofrecí mi sacrificio a Jesús.

    ¡Bendito sea!

    Recé al lado de su cadáver hasta que a las 9 lo condujeron las religiosas a la Capilla. Ahí cantaron la Vigilia de los difuntos los Misioneros en el coro, y las Religiosas en la sillería. Siguió la Misa, cantada por los Misioneros, responsos, etc.

    A las 3 sacaron la caja hasta la puerta las religiosas, seis, y ahí la tomaron mis hijos, Carlos y Pepe Armida hasta la carroza. Yo fui al Panteón Español a donde tienen su Cripta las de la Cruz. En el camino rezamos la “Hora de quince”, en el tranvía. El P. Félix, Pablo y Edmundo.

    Desde la puerta del Panteón cantaron salmos los Misioneros y el P. Grondona (Confesor del Mirto). En la Capilla, responsos; de ahí a la Cripta salmos, ahí un responso cada sacerdote. Bajé a la Cripta y subí hasta que los albañiles acabaron su obra. Quedó sobre la Hermana Josefina, su compañera de enfermedad en Monterrey.

    En paz descanse.[4]

    Composición de Teresa de María a Jesús. Escrito guardado por su madre.
    AHMSpS, fondo Concepción Cabrera, Documentos personales y familiares, caja 4, expediente 1, ca. 1910.

    Teresa murió a los 35 años, después de haber consagrado 17 de ellos a la Congregación que tanto amaba, la misma que había sido también el gran amor de su madre. Su partida fue un golpe profundo para Concepción, quien, con el mismo cariño con que la había acompañado en vida, conservó cuidadosamente los documentos que le pertenecían. Por ello, hoy en día, estos testimonios de fe reposan en el AHMSpS, donde aún guardan el eco de dos vidas entrelazadas por el amor a las Obras de la Cruz.


    [1] “Acta de nacimiento de Concepción Armida”, fondo Concepción Cabrera, serie Documentación personal y familiar, caja 4, expediente 1.

    [2] Concepción Cabrera, Cuenta de Conciencia, tomo 44, 1923, p. 115b.

    [3] “Acta supletoria de defunción de Concepción Armida”, fondo Concepción Cabrera, serie Documentación personal y familiar, caja 4, expediente 1, 26 de abril de 1958.

    [4] Concepción Cabrera, Cuenta de Conciencia, tomo 46, diciembre de 1925, pp. 138-152