El 12 de febrero de 1955 los Misioneros del Espíritu Santo fundamos -a petición del Obispo de Quetzaltenango- una comunidad religiosa para atender el seminario menor que se debía ubicar en el pueblo de Totonicapán. Se destinó a este proyecto misionero al P. Jesús Moreno como superior. La comunidad estaría integrada por el P. Alfredo Haro y los Hermanos estudiantes Sergio Amaya, Jorge Ponce de León y Félix Medrano. El seminario aún no existía. Había que levantarlo con todo lo que significa de construir instalaciones, organizar clases, materiales. No sabemos demasiado, pero podemos imaginar las condiciones precarias y complicadas de esta misión. En las actas podemos entrever lo osado de la empresa. Al poco tiempo sabemos que se cambió de rector lo que habla de dificultades personales o institucionales. Faltaban muchas cosas: Terreno, instalaciones, salones, habitaciones, dinero para alimentación, maestros. Todo o casi todo había que levantarlo. Sin embargo, las evidentes carencias eran suplidas por Misioneros con un enorme espíritu emprendedor y una total confianza de que estaban enviados por el Señor. El seminario inicia con 6 seminaristas y a final del año eran 11 y al siguiente año 30. El Seminario se llamó Seminario del Espíritu Santo. Esta obra avanzó y formó seminaristas por 14 años. Desgraciadamente tuvo que cerrarse en octubre de 1969 por dificultades de personal.

La historia nos enseña. No son las condiciones materiales o físicas los elementos más fundamentales para una misión, sino el Espíritu emprendedor, la pasión de quién busca, toca puertas, lucha, emprende, propone alternativas para sacar adelante un proyecto misionero.
45 años después, el 15 de noviembre de 2014 la Provincia de México, después de un proceso intenso de reestructuración de la Misión, decide nuevamente incursionar en tierras guatemaltecas, y se funda, invitados por Mons. Julio Cabrera, una comunidad en Guastatoya en la diócesis de Jalapa para atender la Parroquia del Señor de Esquipulas. Para este tiempo, las condiciones han cambiado. Los avances sociales, aunque todavía con precariedades muestran que esos casi 50 años que pasaron facilitaron las cosas. Con todo, los hermanos que pertenecieron a esa comunidad tuvieron que buscar, ensayar, proponer. Un camino que no estuvo exento de errores, pero que se volvía a intentar, se aprendía a realizar nuestra misión como Misioneros del Espíritu Santo fuera de México.
Diez años después, tuvimos que dejar esa misión. Los caminos de Dios no son nuestros caminos. En medio del dolor y la confusión, nos retiramos de esa querida comunidad. Es importante no mirar como fracaso nuestra salida, porque el bien que se sembró ahí esta, sin duda dando frutos; pero si será importante sacar de cada paso los aprendizajes que nos ayuden a seguir adelante en los nuevos retos.
Hoy, hermanos iniciamos una nueva etapa con la fundación de esta comunidad en Guatemala. Nuevamente en el departamento de Totonicapán, después de 71 años de nuestra primera llegada. Las condiciones sin duda han cambiado. También la comprensión de cómo debemos estar como Misioneros en una misión en otro país.



Quisiera recordar las palabras de nuestro Padre en su carta: Lo demás lo haré yo:
“Todas nuestras fundaciones nacieron de circunstancias imprevistas… o fueron pedidas directamente por Nuestro Señor. Bien conoceís las circunstancias extraordinarias de la fundación de la casa de Roma. Así, para todas las casas, aunque sea de distinta manera, “lo demás lo haré Yo”
Nuestra Obra, como la de Jesús y de sus discípulos, es una obra de apostolado. Pero el apostolado no es, como casi todos se figuran, una empresa humana, es una empresa en la cual Dios mismo quiere obrar por medio de nosotros. Así debemos todos, y cada uno, comprender el papel de la Congregación en la Iglesia universal: Jesús, Jesús, Jesús obrando en unión con María, por medio de sus Misioneros.
El papel de la Congregación, y de cada uno de nosotros, es buscar ante todo dónde está la voluntad de Dios, dejándonos hacer y deshacer. Dios, Dios, Dios, primero Dios, su voluntad en todo: Lo demás o haré yo”.
Quisiera ver este lugar, estas Aldeas donde estará la Parroquia un llamado del Señor. Si. Es la comunidad de la Esperanza, La Concordia y la interioridad, que es lo que significa Barreneche.
Humberto, David, Sergio, les invito a ser mensajeros de Esperanza, de Concordia y de Interioridad para los habitantes de este lugar. Que los artesanos y campesinos; los hombres y mujeres; niños, adolescentes y jóvenes encuentren esto en sus celebraciones; en el modo atento y respetuoso de su trato; en la atención y cercanía para acompañar su propia organización y procurar la unidad y dignidad del pueblo.

Y también, ya lo hemos hablado, están llamados a ser fermento en esta Arquidiocesis, y este país. Tendrán que aprender a tejer el trabajo local con la presencia más amplia en el país y junto con la comunidad de Costa Rica en otras partes de Centroamérica. No sé cómo se teje eso, habrá que aprenderlo. Lo que no puede faltar es la pasión, el empuje, el coraje, la iniciativa que nos enseñaron los primeros misioneros cuando llegaron.
Que la Virgen de Guadalupe que presidirá esta nueva Parroquia les proteja y les mantenga en la confianza de que estamos bajo su manto. Y también ustedes, nosotros todos, Comunidad, Provincia, Congregación, Pueblo de Dios experimentemos que somos como Juan Diego sus embajadores muy dignos de confianza. Con esta confianza, hoy, 11 de julio de 2026 erijo la Comunidad religiosa de la Esperanza.


