Dra. Mariana Gómez Villanueva
AHMSpS
Durante la década de los cincuenta del siglo pasado, el R.P. Alfredo Vizoso, encargado de la causa de canonización de Concepción, realizó muchos esfuerzos por recopilar un gran número de sus documentos. Todos éstos dieron lugar a lo que hoy se conoce como el fondo Concepción Cabrera, resguardado por el AHMSpS.
En dicho fondo, una de las series más abundantes es la que reúne los documentos personales y familiares de Cabrera. Allí se conservan varios expedientes que narran, a través de cartas y registros, distintos momentos de la vida de sus nueve hijos.
Uno de estos expedientes fue el de la primera hija mujer del matrimonio Armida Cabrera: Concepción. Falleció el 29 de diciembre de 1925 y, por tanto, al cumplirse cien años de este acontecimiento, quisimos recordar algunos fragmentos de su vida en este pequeño artículo, a partir de los documentos que de ella existen.
Aunque no se cuenta con su fe de bautismo original, en el Archivo encontramos una copia certificada de dicho documento, en el cual consta el nombre completo que sus padres le dieron a esa pequeña. María de la Concepción Micaela del Sagrado Corazón de Jesús Armida Cabrera nació en San Luis Potosí, el 29 de septiembre de 1890.[1] Fue la cuarta hija del matrimonio de Concepción y Francisco.

Concepción a los cinco años, con sus hermanos y padre. En orden de aparición: Manuel (hermano), Francisco (padre), Guadalupe (hermana pequeña) y Francisco (hermano mayor). 15 de enero de 1895. AHMSpS, Fototeca, Concepción Cabrera, caja 1.
Concepción Cabrera solía pensar que su hija no solo llevaba el mismo nombre, también se veía reflejada en ella de muchas formas. La describía como sencilla y de carácter claro, “defectos que de mi heredó”, escribía.[2] Pero no era solo el carácter lo que las unía. En la joven también había una inclinación profunda a la vida espiritual, una vocación que parecía haber heredado.
Teresa de María alrededor de los trece o catorce años, con sus hermanos y madre. Ca. 1903-1904. AHMSpS, Fototeca, Concepción Cabrera, caja 1.

Desde joven comenzó a escribir para Dios. Sus composiciones, muchas de ellas sin fecha, son relatos íntimos y llenos de fervor, que más tarde serían entregados a su madre tras su muerte. Tal vez fue ese vínculo espiritual entre ambas lo que la llevó, tras un largo y profundo discernimiento, a tomar la decisión de ingresar a sus 18 años con las Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús.
Recibió el hábito, por primera vez, el 8 de octubre de 1908 e hizo sus primeros votos temporales el 23 de octubre de 1910, en el entonces Noviciado de Tlalpan. Eligió por nombre de religión Teresa de María Inmaculada, pues era muy devota de Santa Teresita del Niño Jesús. A partir de que se le dio ese nombre dejó para siempre su “nombre de mundo”, que era como se le conocía al de pila. Como Religiosa de la Cruz llevó una vida de servicio en diferentes casas, como la de Puebla, Monterrey y Coyoacán. Su última comunidad fue la del Mirto, lugar en el cual falleció.
Su vida religiosa tuvo sus luces y sombras. Aún faltan investigaciones que nos permitan conocerla a partir de esa etapa de su existencia. Sin embargo, las cartas y documentos que se conservan de ella y su madre revelan el retrato de una mujer cuya breve vida fue, a la vez, virtuosa y compleja.
La entonces Superiora General de las RCSCJ, la madre Javiera Perochena, no logró establecer una relación cercana con Teresa de María. Era una mujer de carácter firme y solemne, mientras que Teresa era alegre y dócil. Tal vez una de las razones que tensaron su vínculo fue el peso del apellido de Teresa, pues ser hija de la fundadora no debió de ser fácil ni para una ni para la otra. Esa circunstancia volvió más delicada su convivencia y, con el tiempo, también su relación.
Así pues, cuando Teresa enfermaba, Concepción Cabrera sufría profundamente al no poder atenderla ni acompañarla con médicos o cuidados, pues esos asuntos recaían exclusivamente en la autoridad de la Superiora.

Teresa de María, cuando era postulante
con las Religiosas de la Cruz.
AHMSpS, Fototeca, Concepción Cabrera, caja 1.
La salud de Teresa de María se fue deteriorando poco a poco. Comenzó cuando fue elegida para ir a la fundación de la casa de Monterrey. Aunque al principio, Teresa estaba feliz de ir a esa ciudad, según la “Cuenta de Conciencia” de Concepción, el ambiente y el clima fue minando su salud, su espíritu y su ánimo.
Aunque no se conoce con exactitud cuándo contrajo meningitis,[3] esta enfermedad la hizo tener grandes padecimientos que, por diversas razones, no se trataron a tiempo y la llevaron a la muerte. Unos dos meses antes de fallecer y debido a su mal estado de salud, fue enviada de vuelta de Monterrey a la Ciudad de México. Estuvo unos días en Coyoacán, donde pareció mejorar levemente, pero después fue llevada a la casa del Mirto. Allí, una vez que se vio que ya no recuperaría la salud, se le dio un permiso especial a Concepción para que la cuidara en sus últimos momentos.
Su madre estuvo a su lado, sosteniéndola hasta el final. Quedó con el corazón hecho pedazos tras su partida. El relato que Concepción Cabrera escribió sobre la muerte de su hija revela su amor maternal y la intensidad de su dolor. A través de esas líneas, se deja ver una faceta que a menudo olvidamos de ella, la de una mujer muy humana, capaz de sentir, sufrir y amar con una gran ternura:
Ayer 19 a la 1.45 de la tarde murió Teresa…!! ¡Dios mío de mi corazón, bendito mil veces seas!
Después de 29 días de enfermedad y dolores agudísimos en todo el cuerpo, murió la hija de mi vida.
Muchas veces fui a entregársela a Jesús y a María; muchas le ayudé a bien morir; 9 días no me desvestí y en continua angustia repercutiendo en mi alma sus dolores, sus quejas, su agonía, su estertor, sus terribles sufrimientos. (…)
¡Oh hijita de mi vida, pedazo de mi alma!, ruega por mí, por las Obras, por tus hermanos, por tantas cosas que vislumbraste y que ahora sabrás…
Fuiste modelo de hijas en la tierra, no te olvides, no, de tu pobre madre en el cielo.
Yo perdono lo tuyo, que lo mío ni merece perdón ha sido la ingratitud un inmenso bien para mi pobre alma.
Un velo a todo… pero los años que duró Teresa en el Oasis fueron de martirio para mi corazón de madre. (…)
Pidió Teresa a la Madre General su permiso para morirse, y a mí me dijo la Madre que le fuera a decir que se lo daba. ¡Qué Miseria! ¡Su madre! Así lo hice rompiéndose mi pecho.
Luego que murió, después de la estación de difuntos, recé el Te Deum.
Con toda la generosidad que he podido, ofrecí mi sacrificio a Jesús.
¡Bendito sea!
Recé al lado de su cadáver hasta que a las 9 lo condujeron las religiosas a la Capilla. Ahí cantaron la Vigilia de los difuntos los Misioneros en el coro, y las Religiosas en la sillería. Siguió la Misa, cantada por los Misioneros, responsos, etc.
A las 3 sacaron la caja hasta la puerta las religiosas, seis, y ahí la tomaron mis hijos, Carlos y Pepe Armida hasta la carroza. Yo fui al Panteón Español a donde tienen su Cripta las de la Cruz. En el camino rezamos la “Hora de quince”, en el tranvía. El P. Félix, Pablo y Edmundo.
Desde la puerta del Panteón cantaron salmos los Misioneros y el P. Grondona (Confesor del Mirto). En la Capilla, responsos; de ahí a la Cripta salmos, ahí un responso cada sacerdote. Bajé a la Cripta y subí hasta que los albañiles acabaron su obra. Quedó sobre la Hermana Josefina, su compañera de enfermedad en Monterrey.
En paz descanse.[4]

Composición de Teresa de María a Jesús. Escrito guardado por su madre.
AHMSpS, fondo Concepción Cabrera, Documentos personales y familiares, caja 4, expediente 1, ca. 1910.
Teresa murió a los 35 años, después de haber consagrado 17 de ellos a la Congregación que tanto amaba, la misma que había sido también el gran amor de su madre. Su partida fue un golpe profundo para Concepción, quien, con el mismo cariño con que la había acompañado en vida, conservó cuidadosamente los documentos que le pertenecían. Por ello, hoy en día, estos testimonios de fe reposan en el AHMSpS, donde aún guardan el eco de dos vidas entrelazadas por el amor a las Obras de la Cruz.
[1] “Acta de nacimiento de Concepción Armida”, fondo Concepción Cabrera, serie Documentación personal y familiar, caja 4, expediente 1.
[2] Concepción Cabrera, Cuenta de Conciencia, tomo 44, 1923, p. 115b.
[3] “Acta supletoria de defunción de Concepción Armida”, fondo Concepción Cabrera, serie Documentación personal y familiar, caja 4, expediente 1, 26 de abril de 1958.
[4] Concepción Cabrera, Cuenta de Conciencia, tomo 46, diciembre de 1925, pp. 138-152
