“Quiero encarnar en tu corazón”: A 120 años de esta gracia en Concepción Cabrera

Dra. Mariana Gómez Villanueva

AHMSpS

Hoy se cumplen 120 años de uno de los episodios decisivos en la vida de Concepción Cabrera. Nos referimos a la encarnación mística, un tema que, a lo largo del tiempo, ha suscitado una reflexión constante en la tradición espiritual católica. A través de los siglos, el misticismo ha ocupado un lugar central en la teología, esto por las profundas implicaciones que tiene en la vida concreta de mujeres y hombres comunes, cuya experiencia cotidiana se ve trastocada por su encuentro con lo divino.

Como Concepción, a lo largo de la historia, personajes tan emblemáticos como Teresa de Jesús, Catalina de Siena, Hildegarda de Bingen, Juan de la Cruz, Francisco de Asís o Ignacio de Loyola, han escrito largos tratados espirituales en los cuales han descrito, a partir de experiencias múltiples, sus episodios místicos. Todos ellos tuvieron en común una preocupación por transmitir para el futuro lo que habían “padecido, visto y oído”.[1] Así pues, frente a un universo inefable e incomprensible, el lenguaje de los místicos ha puesto en palabras al grande misterio que es Dios.

En el caso de la madre de las Obras de la Cruz, el R.P. Fernando Torre recopiló algunas de las muchas definiciones que se han escrito para intentar comprender mejor el significado de esta gracia. Por ejemplo, Mons. Luis Ma. Martínez, la describió como una transformación profunda del alma en Jesús, de la cual se derivan dos consecuencias: “el alma es místicamente Jesús, y el alma es místicamente madre de Jesús”.[2] Por su parte, el padre Juan Gutiérrez afirmó que ésta tiene la finalidad de hacer que la persona “viva plenamente su sacerdocio bautismal y que transformado en Cristo sea, juntamente con él, Sacerdote y Víctima para salvar al mundo”.[3] Así pues, la encarnación mística es, según el padre Carlos Castro, un grado de unión entre Dios y el alma del místico que está en “las cimas de la vida espiritual”.[4]

Llegar a una gracia de esta magnitud no es común y, por ello, no puede comprenderse sin volver la mirada a la vida de quien la recibe. En el caso de Cabrera, su historia personal y espiritual permite trazar un exigente itinerario, tejido a lo largo de años de purificación y trabajo interior. De hecho, lo que más sorprende es precisamente la forma en que esta experiencia se dio, en sus actividades cotidianas como madre y cabeza de familia. Entre sus ocupaciones diarias, ella fue encontrando un camino en el que lo humano y lo espiritual no se oponían, sino que se entrelazaban.

Bernardo Olivera delineó algunos de los que, para él, son los momentos clave en la vida de Concepción y que le permitieron llegar a esa culminación. Éstos son:

  • Sus primeros ejercicios espirituales, en los cuales escuchó por primera vez la voz de Cristo que le dijo que su “misión era salvar almas”.
  • El monograma que se marcó en el pecho, con las siglas JHS, en enero de 1894.
  • La “unión transformante”, también llamado “matrimonio espiritual” con Cristo, apenas unos días después de marcarse el monograma.
  • Sus visiones sobre la Cruz del Apostolado y las Obras de la Cruz.
  • La purificación de la materia que experimentó en noviembre de 1895.[5]

Así pues, el 20 de marzo de 1906, Concepción comenzó unos ejercicios espirituales impartidos por el R.P. Mariano Duarte, SJ, en la casa de las Religiosas de la Cruz. Al quinto día de éstos, durante la Fiesta de la Encarnación del Señor, fue cuando ella experimentó esta gracia que, por cierto, le había sido anunciada nueve años antes.[6] Permitamos que sea ella misma quien nos narre lo que vivió y la hondura de las emociones que la atravesaron:

Día 25. La encarnación del Señor y 5to. de los Ejercicios.

(…) Temblando de vergüenza, anonadada, machucada hasta el polvo, (Oh Dios mío, Dios mío! vengo hoy, con el alma llena, como una fuente que se derrama, porque no tiene cabida para contener el caudal de agua con que se siente desbordarse, así vengo hoy, llena y AVERGONZADA a vaciarme en el papel.

(…) Con que en los primeros momentos de la Misa, voy sintiendo la presencia de mi Jesús, junto de mí, y escuchando su divina voz (Oh Dios mío, ¿será verdad? Pero cómo no, si te siento, si te toco, si te estoy amando aquí, aquí, como si acabara de comulgar, ¡Jesús del alma!)

Encarnación mística

“Aquí estoy; quiero encarnar en tu corazón místicamente. Yo cumplo lo que ofrezco; he venido preparándote de mil modos y ha llegado el momento de cumplir mi promesa; Recíbeme; (y sentí un gozo con vergüenza indecible. Pensé que ya lo había recibido en la comunión, pero como adivinándome, continuó:)

– “No es así; de otro modo además, hoy me has recibido. Tomo posesión de tu corazón; me encarno místicamente en él, para no separarme jamás. Solo el pecado podrá alejarme de ti y te advierto, que también toda criatura que lo ocupe, mermará mi presencia real; digo, sus efectos, porque Yo no me puedo mermar. Y continuó: Esta es una gracia muy grande que te viene preparando mi bondad; humíllate y agradécela.”

– Pero Señor, me atreví a decirle, ¿qué lo que me habías ofrecido, lo que me habías pedido, no eran unos desposorios?

-“Esos ya pasaron; esta gracia es infinitamente mayor.”

– Es el matrimonio espiritual, ¿mi Jesús?

– “Es más, porque el matrimonio es una especie de unión más exterior; pero encarnar, vivir y crecer en tu alma, sin salir de ella jamás; poseerte Yo y poseerme tú como en una misma substancia, no dándome sin embargo tú la vida, sino Yo a tu alma, en una compenetración que no puedes entender, esta es la gracia de las gracias.” (…)

Esta es una unión mística muy grande (continuó) y elevada, la más grande que puede existir y no es de otro modo la del cielo, salvo que entonces se descorre el velo de la Divinidad, pero como la Divinidad no se aparta de Mí, la unión, la estrechez de la NADA con el Todo, es lo mismo.” (…)[8]

Como se puede ver, esta gracia marcó un antes y un después en su existencia. No fue solo una experiencia espiritual cualquiera, sino un importante acontecimiento en el que, de manera simbólica, Cristo comenzó a tomar forma en lo más íntimo de su alma. Para los místicos, un momento así es fundante, pues es el instante en que lo divino deja de percibirse como algo externo y comienza a habitar y actuar desde el interior de la persona.

Aquella experiencia le dio a Concepción la fuerza y la claridad necesarias para hacer realidad el gran anhelo que tenía desde hacía años: el nacimiento y desarrollo de las Obras de la Cruz que, hasta ese momento, eran únicamente el Apostolado de la Cruz y las Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús.

Su transformación fue tan honda que ya no se comprendía a sí misma separada de Cristo. Vivía en una comunión constante, como si su existencia estuviera sostenida por una presencia que no la abandonaba nunca. Cristo dejó de ser para ella una idea o una visión y se convirtió en experiencia, compañía permanente y aliento interior. En esa intimidad, Cabrera percibía su vida guiada por Él, y la gracia mística se desplegó como una relación de amor profundo que dio sentido a cada uno de sus pasos.

Versión facsímil de la Cuenta de Conciencia existente en el AHMSpS.
El original se encuentra resguardado en el Archivo General de las Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús.
Imágenes propiedad del Archivo Histórico de los Misioneros del Espíritu Santo.


[1] Edith González Bernal, “El lenguaje teológico en los místicos: éxtasis y kénosis”, en Theologica Xaveriana, núm. 182, 2016, p. 372.

[2] Luis Ma. Martínez, cit. pos. Fernando Torre, Dar a luz a Cristo. Acercamiento bíblico-teológico a la gracia de la encarnación mística en Concepción Cabrera de Armida, México, Editorial La Cruz, 2006, p. 29.

[3] Juan Gutiérrez, cit. pos. Fernando Torre, Dar a luz a Cristo. Acercamiento bíblico-teológico a la gracia de la encarnación mística en Concepción Cabrera de Armida, México, Editorial La Cruz, 2006, p. 31.

[4] Carlos Castro, cit. pos. Fernando Torre, Dar a luz a Cristo. Acercamiento bíblico-teológico a la gracia de la encarnación mística en Concepción Cabrera de Armida, México, Editorial La Cruz, 2006, p. 31.

[5] Bernardo Olivera, OCSCO, Incarnazione Mistica, MSpS Comunidad de Arnulo, Roma, 2006, pp. 11-13.

[6] Fernando Torre, Dar a luz a Cristo. Acercamiento bíblico-teológico a la gracia de la encarnación mística en Concepción Cabrera de Armida, México, Editorial La Cruz, 2006, p. 31.

[7] Fernando Torre, Dar a luz a Cristo. Acercamiento bíblico-teológico a la gracia de la encarnación mística en Concepción Cabrera de Armida, México, Editorial La Cruz, 2006, p. 19.

[8] Concepción Cabrera, Cuenta de Conciencia, Tomo 22, 25 de marzo de 1906, pp. 168-177.

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