Crónica de la primera asamblea presencial de la Delegación para la Investigación y Difusión del Carisma de la Espiritualidad de la Cruz

Tepoztlán, Morelos 22 al 26 de julio de 2026

«Permanezcan en mí y darán mucho fruto» (Jn 15,5).

Introducción

Del 22 al 26 de julio de 2026 tuvo lugar en Tepoztlán, Morelos, la Primera Asamblea Presencial de la Delegación para la Investigación y Difusión del Carisma de la Espiritualidad de la Cruz. Después de varios años de trabajo realizado principalmente a distancia, investigadores y colaboradores provenientes de diversos lugares nos reunimos para encontrarnos personalmente, fortalecer nuestra comunión, profundizar en las fuentes del carisma y discernir juntos los caminos futuros de este servicio eclesial.

No fue únicamente una reunión de trabajo. Fue una experiencia de oración, estudio, fraternidad y esperanza. En estos días pudimos confirmar que la investigación del patrimonio espiritual recibido de nuestros fundadores sólo alcanza su plenitud cuando se convierte en vida compartida y en servicio a la Iglesia.

Las páginas que siguen recogen algunos de los momentos más significativos de esta primera Asamblea.

I.  Entrar en el silencio donde Dios habita

La Asamblea comenzó en en El Altillo, Ciudad de México. Reunidos ante Jesús Sacramentado y junto a la cripta donde reposan los restos de nuestra madre

espiritual, la beata Concepción Cabrera de Armida, pusimos en manos del Señor esta nueva etapa de la Delegación.

Agradecimos el camino recorrido, presentamos nuestros proyectos y pedimos la gracia de trabajar siempre unidos por el bien del carisma. Después de consagrarnos al Espíritu Santo y recibir la bendición del P. Carlos Francisco Vera Soto, MSpS, emprendimos el camino hacia Tepoztlán.

Los dos primeros días estuvieron dedicados a los ejercicios espirituales bajo el lema

«Entrar en el silencio donde Dios habita».

Desde la primera reflexión fuimos invitados a redescubrir el valor del silencio interior. En medio del ritmo acelerado de la vida y del trabajo apostólico, aprendimos nuevamente que Dios habla en lo profundo del corazón y que sólo quien aprende a callar puede escuchar su voz.

Una prolongada hora de adoración eucarística permitió que estas enseñanzas descendieran del entendimiento al corazón. Allí experimentamos que el silencio no es ausencia, sino presencia.

La segunda meditación nos condujo al misterio de la inhabitación divina. Redescubrimos que Dios no solamente habita en el sagrario de nuestros templos, sino también en el interior de cada bautizado. Él tiene sed de nuestro amor y espera encontrar en nosotros una morada amplia donde continuar su obra de salvación.

Posteriormente profundizamos en la vocación propia de la Espiritualidad de la Cruz. La contemplación de la Cruz del Apostolado nos recordó que estamos llamados a ser puentes entre Dios y los hombres, permitiendo que Cristo continúe amando, reparando y salvando a través de nuestra propia existencia.

La reflexión culminó con el estudio de la gracia de la Encarnación Mística concedida a Concepción Cabrera. Contemplar esta experiencia fue comprender que Cristo desea prolongar su vida en quienes se dejan transformar por su Espíritu, haciendo de cada discípulo un verdadero sagrario vivo.

Finalmente renovamos nuestra misión convencidos de que todo apostolado auténtico nace de la unión con Cristo. Sólo quien permanece en Él puede dar fruto abundante.

Concluimos los ejercicios con el corazón profundamente renovado y con la certeza de que toda investigación sobre el carisma debe brotar de una intensa vida espiritual.

II.  Una comunidad que comenzó a reconocerse como familia

Los días siguientes estuvieron marcados por una convivencia sencilla y profundamente fraterna.

Aunque varios participantes sólo nos conocíamos por reuniones virtuales o por el trabajo compartido a distancia, muy pronto comenzaron a surgir la amistad, la confianza y la alegría de sabernos colaboradores de una misma misión.

Las celebraciones eucarísticas ocuparon el centro de cada jornada. Las lecturas bíblicas parecían iluminar providencialmente cuanto íbamos viviendo y confirmaban el camino que el Señor iba abriendo para la Delegación.

Especialmente significativa fue la adoración nocturna al Santísimo Sacramento. El silencio del templo, la belleza del paisaje, el cielo estrellado y la paz de la montaña hicieron de aquella oración uno de los recuerdos más entrañables de la Asamblea. El equipo central y algunos colaboradores vivimos además un momento de oración en una pequeña capilla, donde pudimos contemplar con mayor claridad la trascendencia del servicio que el Señor nos confía.

Durante esos mismos días tuvimos la alegría de acompañar a nuestro hermano Jaime Eduardo Vázquez en la renovación de sus votos religiosos. Toda la Asamblea se unió en oración por su perseverancia y por su futuro ministerio sacerdotal.

Las comidas compartidas, las conversaciones espontáneas, las películas nocturnas, las serenatas improvisadas e incluso los pequeños imprevistos que nunca faltan en una convivencia fueron fortaleciendo los lazos de amistad que, sin duda, permanecerán mucho más allá de esta primera experiencia.

III.  Discernir juntos el futuro

Después de alimentar el espíritu y fortalecer la comunión, dedicamos una jornada completa a discernir el futuro de la Delegación.

Las dinámicas de trabajo nos permitieron descubrir cuánto había cambiado nuestra comprensión del carisma durante aquellos días, cuáles eran todavía las preguntas abiertas y de qué manera las fuentes espirituales podían seguir iluminando nuestra vida cotidiana.

Uno de los momentos más creativos fue el llamado «Shark Tank del Carisma», en el que diversos equipos presentaron proyectos para fortalecer y difundir la Espiritualidad de la Cruz. Más allá del entusiasmo de las propuestas, quedó de manifiesto el deseo compartido de poner los talentos personales al servicio de una misión común.

Fue especialmente valioso comprobar que las investigaciones históricas no permanecen encerradas en los archivos, sino que alimentan la vida espiritual y generan nuevas iniciativas apostólicas.

Al concluir esta jornada, todos tuvimos la impresión de que la Delegación había dado un paso importante hacia su consolidación.

IV. Un día para contemplar, descansar y agradecer

El sábado estuvo dedicado a la convivencia fraterna mediante un recorrido por el pueblo mágico de Tepoztlán.

La visita comenzó en el antiguo Convento de la Natividad, extraordinario testimonio de la primera evangelización de México. Guiados por el P. Carlos Francisco Vera recorrimos el conjunto conventual, admirando tanto su riqueza arquitectónica como el profundo significado espiritual que conserva hasta nuestros días.

La contemplación de sus murales, corredores, jardines y capilla abierta nos recordó que también nosotros estamos llamados a custodiar y transmitir un patrimonio recibido de generaciones anteriores.

El recorrido continuó por las calles del centro histórico, con una visita a la tradicional heladería Tepoznieves y posteriormente al mercado de artesanías.

Aquella jornada permitió que la fraternidad creciera de manera natural. Las conversaciones, las fotografías, las sonrisas y el sencillo compartir hicieron visible que una comunidad no sólo se construye trabajando, sino también aprendiendo a disfrutar juntos los dones de Dios.

V.  Un testimonio vocacional

La Asamblea quedó enriquecida por el testimonio del hermano Jaime Eduardo Vázquez, MSpS, quien compartió la alegría de haber participado en este encuentro y la importancia que tuvo para él descubrir el entusiasmo y la generosidad de tantos laicos comprometidos con la investigación y difusión de la Espiritualidad de la Cruz. Durante esos mismos días pudo reencontrarse con sus hermanos teólogos y EFOSOS que realizaban sus ejercicios espirituales en la misma casa.

La celebración alcanzó un significado aún más profundo cuando, durante la Eucaristía del domingo 26 de julio, realizó su cuarta renovación de votos religiosos acompañado por todos los participantes de la Asamblea.

Su testimonio recordó a todos que la investigación del carisma no constituye únicamente una tarea intelectual, sino un camino de seguimiento de Cristo que fortalece la propia vocación.

Conclusión

La Primera Asamblea Presencial de la Delegación para la Investigación y Difusión del Carisma de la Espiritualidad de la Cruz representó mucho más que una reunión de trabajo. Constituyó un momento fundacional en la historia de este servicio, pues permitió consolidar vínculos personales, renovar el entusiasmo por el estudio de las fuentes y proyectar nuevas iniciativas para la difusión del patrimonio espiritual recibido.

Regresamos a nuestros lugares de origen con el corazón agradecido y fortalecidos por la experiencia vivida. Durante estos días comprendimos que custodiar el carisma no significa únicamente conservar documentos o investigar acontecimientos del pasado. Significa, sobre todo, permitir que ese patrimonio espiritual siga iluminando la vida de las personas y continúe dando frutos para la Iglesia.

Confiamos en que esta primera Asamblea marque el inicio de una tradición que, año tras año, fortalezca la comunión entre quienes compartimos esta misión y haga cada vez más fecundo el servicio de la Delegación al pueblo de Dios.

Equipo Carisma

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